Peggy Guggenheim, la multimillonaria mecenas artística, con la que tuvo una ardiente relación amorosa y sexual en 1939 le llamaba Oblomov, como el protagonista de Goncharov y en alusión a su carácter indolente. Pero Samuel Beckett no fue nunca un apático, al menos en todo lo que concernía a su trabajo de creación literaria. Hoy cuando celebramos los 120 años de su nacimiento y constatamos la impresionante herencia artística que nos legó, sonreímos al recordar cuan equivocada estaba su amante Guggenheim al mentar a Beckett. Sólo una menta lúcida y nada apática como la de Samuel Beckett podía concebir historias como las que escribió, sobres las fallas sociales que produce la alteración de la razón y, más sutilmente, sobre las brutales consecuencias de la guerra y la intolerancia.
120 años ‘esperando’ de nuevo a Samuel Beckett
Escrito el 12/04/2026