Pablo Picasso pisó por última vez Málaga, su tierra, en 1901. Veinticuatro años después, artista maduro, reverenciado y millonario pero en plena crisis creativa y personal, dejó escrito: «Y dime si además podré coger un día los dedos que el sol pasará a través de la persiana por la mañana, al despertar cerca del mar Mediterráneo, y el olor del café y el pan tostado, que, aunque vengo de lejos, soy niño y tengo ganas de comer y de nadar en agua salada». Que pudiera cumplir su deseo, póstuma y simbólicamente, fue gracias, en gran medida, a Christine Ruiz-Picasso, mecenas y principal artífice del Museo Picasso Málaga. La nuera del artista, madre de Bernard Ruiz-Picasso, el otro gran factótum de la pinacoteca, falleció el lunes en París a los 97 años.
Adiós a Christine Ruiz-Picasso, la modesta ceramista que cumplió el deseo del genio
Escrito el 07/04/2026