Escribió Robert Filliou que «el arte es lo que hace la vida más interesante que el propio arte». Y pocos encajan mejor en esa definición que Gregorio Sánchez Fernández, conocido por todos como Chiquito de la Calzada. Fue un artista con mayúsculas, un creador inclasificable —un «laboratorio del arte», como él mismo decía— capaz de transformar un chiste anodino en algo completamente nuevo gracias a sus gestos, sus pausas y una manera de hablar que solo le pertenecía a él. Sus historias, sus andares imposibles y aquel idioma propio saltaron de la televisión y las cintas de chistes de las gasolineras al habla cotidiana de todo un país. «¿Te das cuen?». Revolucionó el lenguaje de la España de mediados de los años 90 con un diccionario tan absurdo como inolvidable: «fistro», «cobarde», «pecador de la pradera», «Grijander», «a candemor», «torpedo», «no puedor» o «al ataquer».
La vida de Chiquito de la Calzada salta a la tele: RTVE inicia el rodaje de una miniserie
Escrito el 30/07/2026