Hay algo profundamente español, y particularmente malagueño, en esa costumbre tan nuestra de hablar en nombre de los demás. Uno abre el móvil cualquier mañana y se encuentra con sentencias rotundas, casi bíblicas: «Los malagueños no podemos permitir esto». «Los malagueños estamos hartos». Los malagueños una y otra vez. Y uno piensa inmediatamente en la eficacia administrativa tan admirable de estas criaturas. Qué capacidad organizativa. Porque yo, sinceramente, debo de haberme perdido el referéndum. O al menos la encuesta de Google Forms donde se decidió qué pensamos todos los malagueños sobre cada asunto.
Expendeduría de carnets de malagueño
Escrito el 10/05/2026