Hay días en los que uno tiene la ingenua intención de descansar un poco de la política. No hablo siquiera de grandes debates ideológicos ni de sesudas reflexiones parlamentarias -que cada vez hay menos-. Hablo simplemente de intentar sobrevivir unas horas sin que aparezca. Sentarse tranquilamente a escuchar los pajarillos, ver una exposición o comentar una película sin que, antes de que le eches la sacarina al café, alguien termine pronunciando palabras como polarización, relato o facha.
Qué pereza cultural
Escrito el 17/05/2026