Hay ciudades que no necesitan enemigos. Se bastan solas, con una admirable eficacia, para generar sus propias batallas, sus propios agravios y, por supuesto, sus propios culpables. Málaga, que en esto también ha decidido ser moderna, ha perfeccionado un deporte local de alto rendimiento: la indignación selectiva. Y como todo deporte contemporáneo, se practica en redes sociales, que es donde hoy se corre sin moverse y se opina sin saber.
La ciudad que protesta lo que no consume
Escrito el 03/05/2026