Cuando Amy se subía a un escenario se desnudaba. Se mostraba tal y como era. Sin ningún filtro, accesible para cualquiera que la escuchara. Enseñaba su mundo interior. Sus pensamientos más íntimos, los secretos más oscuros e inconfesables, el amor que le tenía a los hombres que marcaron su vida y que también ayudaron, junto a las drogas, a acabar con ella. No era un producto de mercadotecnia fabricado ex profeso en una discográfica.
Amy Winehouse, la chica que murió cien veces antes de que la fama acabara con ella
Escrito el 24/07/2026