Hay algo profundamente enfermizo en una parte del ecosistema mediático actual. Y no lo digo desde la superioridad moral de quien cree haber descubierto la pólvora. Antes existían los excesos, los intereses y las manipulaciones. Pero lo de ahora empieza a adquirir una dimensión casi caricaturesca. Una mezcla extraña entre ansiedad por el clic, histeria colectiva, maldad gratuita y ausencia absoluta de responsabilidad. Una especie de feria permanente del titular grotesco donde da exactamente igual el daño causado, la lógica de lo publicado o incluso el más elemental sentido común.
Antonio Banderas, el último mecenas
Escrito el 24/05/2026