Nada en este libro es cierto, todo es falso, sí, aunque el germen es más verdad que la más pura y nítida de las verdades. Porque la Luna, desde que el hombre es hombre, ha subyugado a propios y extraños. Ese satélite, la más pura imagen de la muerte ("¿Cómo concebir un gozo que no esté suspendido del cordón fibroso de la muerte?"), dejó de generar fantasías vivísimas en el momento exacto en que Neil Alden Armstrong puso su huella en suelo lunar. Ahí dejamos de fantasear; ah, qué pena.
'Los falsarios', de Adolfo García Ortega: novela de la Luna, Luna
Escrito el 13/07/2026