He de preguntarle a mi buen amigo y gran fotógrafo del mundillo del rock and roll, Domingo J. Casas, si conoce alguna explicación no escrita por la que solistas y grupos, en un momento dado, tienden a un giro inesperado, a un estilismo rompedor. Sospecho que la industria discográfica impone su ley de «cuanto más novedoso, mejor»; o quizá esos cambios anuncien sesgos vitales o introspectivos, con reflejo inmediato en las canciones (tengo en mente la portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles, por algo será). Como escribo de memoria (que me disculpen por tanto fans, mitómanos y especialistas) citaré tan solo algunas indumentarias que me parecen singulares: la vestimenta y el maquillaje bárbaros del grupo Kiss; el rostro luciferino de Marilyn Manson, o la procacidad de Miley Cyrus en su video Wrecking Ball. (Claro que, para radical, difícil superar a Michael Jackson y sus tratamientos de despigmentación cutánea.)
Paolo Roversi, entre brumas y estrellas
Escrito el 26/08/2026