Había casi lleno, calor, expectación y uno de esos carteles que justifican por sí solos una tarde de feria. También había una corrida de Victoriano del Río que, toro a toro, fue convirtiendo la ilusión en desencanto. Mansos, rajados, sin fondo y con una desesperante tendencia a desentenderse de la pelea, los toros fueron vaciando de contenido un festejo llamado a ser uno de los grandes acontecimientos del abono. Hasta que Emilio de Justo encontró en el quinto un resquicio de nobleza y decidió convertirlo en faena. Donde apenas había agua, bebió despacio. Natural a natural, terminó levantando una tarde que parecía condenada al tedio y volvió a salir por la Puerta Grande ‘Manolo Segura’ con dos orejas en la mano.
Emilio de Justo encuentra agua en el desierto en la Feria de Málaga
Escrito el 19/08/2026