En su cante había un lamento, una letanía del sembrador ausente. Hasta las piedras sentían sus fatigas, su pena grande. Como todo mortal, se preguntaba quién era, y no acertaba a dar con la verdad. Vivía, vivió, sin prisa ninguna. Era un buen republicano, con las ideas muy claras. Ingenuo o romántico, pensó que la unión hacía la fuerza. No era gallo de corral, pero odiaba que le vinieran con cuentos. Se quejó de los sindicatos y de la patronal. En los hombres no encontró paciencia. Demasiados se las daban de inteligentes. A los perros embusteros los conocía en cuanto ladraban. No se callaba ni aunque le cortaran la lengua. En contra del viento y la marea, luchando iba por el mundo. Nunca, la más rotunda verdad, se vendió. Lo llamaban cabrero.
Por los cantes de El Cabrero
Escrito el 23/05/2026
Justo Pérez

