El 13 de agosto de 1990, Benidorm, la meca nacional del turismo kitsch, set de rodaje de glorias del cine español como Paco Martínez Soria, López Vázquez, Pedro Lazaga, el clan de los Ozores y cuna artística de Julio Iglesias, acogió un espectáculo singular —por inédito— y antagónico a los escenario