Enrique Morente abrió las Noches del Botánico desde otro tiempo. Su voz grabada inundó Madrid con gran profundidad mientras Kiki, su hijo, aguardaba quieto, sin lanzarse a por ella. Cuando empezó a cantar, no hubo un relevo, ojo, sino una fusión volcánica. Hay discos que esperan agazapados, con los