Mire usted qué maravilla
Ignacio Castillo se ha muerto. Así, dicho de golpe, todavía suena extraño. Casi impropio. Como si la frase no terminara de encajar con él. Con un caballero de una presencia tan viva. De una ironía constante. Y de una capacidad natural para encontrarle el doble fondo cómico a cualquier drama, incluso

