Antes de que tocar la guitarra eléctrica se convirtiera en un juego malabar y una competición por ser el pistolero más rápido del oeste, estaba Eric Clapton, con su sentimiento y su elegancia, dejando respirar las notas, pellizcándonos el alma con cada digitación. Casi nos habíamos olvidado de ese sereno modo de hacer, poco propenso al gag y al efectismo, cuando este domingo aquella vieja energía volvió a fluir en el Palau Sant Jordi, 22 años después de la última vez.
Eric Clapton, un arte de la guitarra sereno, magnético y sin efectismos en el Palau Sant Jordi, 22 años después
Escrito el 10/05/2026
Jordi Bianciotto

