El exorcismo es parte del mercado terapéutico. La demanda de exorcismos ha crecido de forma constante desde mediados del siglo XX y esa angustia frente a la posesión y la pérdida del alma no responde a una mayor agitación del diablo ni al regreso de la fe. Se trata, más bien, de un arma institucional, de una forma de control social con la que se busca disciplinar a ciertos colectivos y personas (jóvenes, mujeres, marginados, etcétera). Grafton Tanner, agudo crítico cultural y experto en las políticas de la nostalgia, ha publicado 'Purgar al diablo: exorcismo y posesión tras la muerte de Dios' (Mutatis Mutandis, 2026), un ensayo que traza un recorrido semántico en torno a los exorcismos, los lavados de cerebro y las desprogramaciones, conceptos que no solo están en las estructuras eclesiásticas, sino en la política, en la opinión pública y en el cine. El impacto de 'El exorcista' (1973) fue descomunal a la hora de rescribir patologías sociales y pánicos culturales.
Grafton Tanner analiza el exorcismo como herramienta de control social: "Seguimos sintiéndonos atraídos por las posibilidades que existen más allá de la ciencia"
Escrito el 03/10/2026
Andrés Lomeña

