La manera en que la música urbana ha acabado llevándose por delante no solo a las muchachadas sino a familias enteras en estadios de medio mundo ha sido más sencilla de lo que se decía: bastaba con acudir a los viejos materiales, las percusiones, las cuerdas de nilón y la pegada de los metales. Calidez, tacto, roce físico. Ecos muy carnosos de la salsa brava y los palos tradicionales de Puerto Rico, como los que propulsaron este viernes a Bad Bunny en un concierto portador de fiesta, disrupción cultural y orgullo latino, en el Estadi Olímpic de Barcelona, apertura de la pata europea del ‘tour’ ‘Debí tirar más fotos’ (ante 59.000 personas, cifra de Live Nation).
Bad Bunny desata la fiebre y el orgullo latino en una noche para la historia en Barcelona
Escrito el 22/05/2026
Jordi Bianciotto

