El rugido de 'Omega' sacude Noches del Botánico: la bestia que Enrique Morente creó sigue mordiendo 30 años después

Escrito el 15/07/2026
Pedro del Corral

Enrique Morente abrió las Noches del Botánico desde otro tiempo. Su voz grabada inundó Madrid con gran profundidad mientras Kiki, su hijo, aguardaba quieto, sin lanzarse a por ella. Cuando empezó a cantar, no hubo un relevo, ojo, sino una fusión volcánica. Hay discos que esperan agazapados, con los dientes fuera, a que alguien tenga el valor de acercarse. Y Omega, 30 años después, sigue mordiendo con la rabia de entonces. Kiki no salió a disfrazarse de heredero ni a ganar una competición imposible: negoció con la ausencia de Enrique. A veces, la tuvo delante. Otras, pareció llevarla cosida a la garganta. Un intercambio de energías que, este martes, mientras España se jugaba la plaza a la final del Mundial, puso sobre la mesa una verdad incandescente: la memoria no es una obligación familiar, sino una corriente eléctrica que te hace vibrar más allá de la muerte.